domingo, 8 de abril de 2012

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Días en los que sientes que te falta algo, o quizás alguien... Días en los que puedes estar rodeada de gente, o quizás sola... Días en los que puede hacer sol, o quizás puede llover a cántaros... Días en los que da igual con quién estés, da igual que tiempo haga, solo tienes cabeza para ese algo que te falta.

Puedes saber que o quien es, o bien no... Pero lo qué si que tienes claro es que lo necesitas, como al aire que respiras. Sientes como se te encoje el corazón solo de pensar esa persona que sabes quien es y necesitas cerca, y entonces notas como una lágrima recorre tu mejilla, sí, estás llorando, y te das cuenta de que no puedes parar. Miras el móvil las siete y media de la mañana, no puedes hablar con esa persona, no quieres despertarla.

Estas en tu habitación, te miras al espejo, el maquillaje se te ha corrido, pero aún así mientras intentas limpiarte la cara mientras sigues llorando. Piensas en lo distinta que podría ser tu vida teniendo cerca a esa persona, teniéndola a tu lado, pero no es así, aún no. Entonces decides acostarte, así, vestida, sin cambiarte de ropa.

Ya tumbada abrazas lo primero que logras coger, un muñeco, quizás un cojín, o la misma almohada. No puedes parar de llorar, las lágrimas siguen cayendo por tu mejilla pero ya no las sientes. Y cuando te das cuenta ya estás dormida, ya todo paso... te desahogaste, pero tu sigues echando en falta a esa persona...

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